Frankfurt Marathon 2013

Un día te levantas y te miras en el espejo. No te reconoces. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿En qué momento me salí del camino? ¿Realmente hubo alguna vez un camino, una ruta trazada? Buscas culpables, pero en el fondo sabes que realmente sólo existe uno: tú mismo.
Todo el mundo sabe cómo le gustaría ser, qué experiencias querría disfrutar, dónde desearía vivir, qué trabajo le gustaría tener. Mucha gente, tristemente, no tiene la oportunidad de acercarse a lo que sueña. Unos pocos la tenemos, pero somos lo suficientemente imbéciles como para dejar pasar los días, los meses, los años, y convertirnos en seres conformistas, atrapados por nosotros mismos en una vida monótona y rutinaria.
Aquel día, tras mirarme en el espejo, volví a mi habitación y me senté en el escritorio. Cogí un papel y me puse a escribir. En él estaba todo aquello que deseaba hacer o cambiar. De aquellas líneas me acuerdo sólo de unas pocas, pero hay una que recuerdo por encima del resto: adelgazar. ¿Qué suele hacer la gente para adelgazar? Parece que correr es una buena manera de perder peso. Además Edu, llevas bastante tiempo deseando salir a correr, pero como eres un perraco comecruasanes no dabas el paso. Sin embargo, no queremos seguir parados, ¿verdad?
A partir de ahí los acontecimientos se precipitan. Te apuntas al gimnasio y vas aumentando la distancia: 3, 4, 5, 8, 10 km… En navidades piensas que estaría bien correr una media maratón. ¿Y una maratón? ¿Estás loco? Eso es imposible. Mírate al espejo y luego mídete las pulsaciones por minuto. Hay conejos que tienen menos que tú.
Llega el 1 de abril y Denia se incrusta en tu corazón para siempre. Mi estreno en media maratón. La segunda de 30 carreras hasta hoy, la mayoría de ellas por encima de los 15 kilómetros. Grandes momentos, grandes amigos, alguna decepción que otra, pero cada kilómetro, cada metro, merece la pena. El asfalto siempre tiene algo que enseñarnos.
No todo es deporte. Llega Berlín. Más tarde Frankfurt. Vives en Alemania. Tienes un trabajo que te gusta. Vuelves a ascender a Monte Perdido y al Aneto, recuperando del todo al montañero que siempre has llevado dentro y que, sin saber muy bien por qué, en algún momento perdiste. En dos años consigues ver a casi todas las bandas que soñabas ver en directo. Viajas por más de 10 países. Perfeccionas el inglés y sientas las bases del alemán. Te fundes un montón de pasta, sí, pero joder, es tu momento.
Para cuando vas a cumplir dos años corriendo, decides dar el paso definitivo en tu camino como corredor de fondo. Maratón. Eso que parecía inalcanzable. Crees que estás preparado. Vas a ir a vivir a Frankfurt y… ¡sorpresa! La ciudad alberga una de las 24 mejores maratones del planeta. Se celebra en octubre. A huevo.
La semana pasada me la pasé con el corazón a 100 todos los días. Una mezcla de miedo y emoción me recorría todo el cuerpo. Tras todas estas líneas se entenderá lo que suponía para mí correr una maratón.
No llegaba en mi mejor momento de forma. No pude entrenar en dos de las tres semanas previas a la carrera. Una por resfriado y otra por lesión. Pese a ello, el entrenamiento estaba ahí, así como dos años de experiencia con más de una docena de medias maratones e incluso un cross de 27 kilómetros. Tenía muy claro que, salvo lesión, la terminaba, aunque sí que había rebajado mis pretensiones respecto al crono.

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Ayer domingo se daba el pistoletazo de salida a las 10:30 de la 32ª Frankfurt Marathon. Yo salí en el segundo grupo, a las 10:37. Un momento difícil de olvidar, mi primera salida en una maratón. El comienzo del final del camino.
Mi idea era pasar la media maratón en el 1:47. Los primeros 15 kilómetros mantuve bien el ritmo, aunque no me encontraba todo lo bien que me hubiera gustado. Pasé algunos kilómetros con un ligero flato. No perdoné ni un avituallamiento, lo cual me hizo “perder” bastante tiempo, especialmente al paso por la primera media, que cerré en un más que discreto 1:49. Pese a que sufrimos una incómoda lluvia durante más de media hora, era evidente que no era mi día.

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Desde el 21 al 27 pasé unos buenos kilómetros. A partir de ahí comenzó la cuesta abajo. Lenta, pero imposible de frenar. Para cuando pasé por el kilómetro 31 tuve que romper mis principios y consumir, por primera vez, los geles que me ofrecían en el avituallamiento. Estaba fundido. ¡Y todavía quedaban 11 kilómetros! A partir de ahí mi ritmo continuó su caída en picado.
Era obvio que, pese a que tanto el día de la carrera como en los meses previos mi respeto a la prueba era máximo, había cometido un error garrafal en el entrenamiento. Pensaba que incrementando mínimamente el kilometraje me valdría para salir airoso. Al final así ha sido, pero con muchísimo más sufrimiento del debido. Me ha faltado mucha más carga de kilómetros estos últimos meses. De todo se aprende. He pagado la novatada.
El sufrimiento que experimentó mi cuerpo del kilómetro 37 hasta el final es algo que jamás había vivido. Indefinible. Por si fuera poco, durante esos kilómetros nos acompañaron ráfagas de viento infernales, que fácilmente alcanzaban los 30 km/h. Llegaron casi a pararme en algún momento. Pese a que sufrí lo que no está escrito, estoy muy orgulloso de que en ningún momento llegué a caminar. Es posible que si hubiera andado un rato y reemprendido la marcha mi tiempo hubiera sido mejor. Pero yo, salvo problema serio, JAMÁS me pararé en una carrera. Sin duda, la gran nota positiva de ayer fue la fortaleza psicológica que he alcanzado.
Los últimos 195 metros fueron indescriptibles. Son los últimos pasos hacia la consecución de tu sueño. Cruzas la meta en 4:03:49 con lágrimas de emoción brotando de tus ojos. Se trata de un tiempo muy lejano a tus aspiraciones. El asfalto, como siempre implacable, te ha dado una cura de humildad. Normalmente hubiera considerado este resultado un fracaso mayúsculo. Sin embargo, ayer poco importó el crono. Ya habrá tiempo de mejorarlo. Hoy, todavía cojo, ya tengo ganas de revancha.

Lo verdaderamente importante de ayer es evidente, ¿no? Soy corredor de maratón.

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4 pensamientos en “Frankfurt Marathon 2013

  1. ¡¡¡Muchas felicidades por tu superlogro!!!

    Me ha encantado leer tu experiencia, me gusta leer este tipo de crónicas de carreras por que se desvela parte de la historia personal del protagonista (realmente me gusta cuando al prota le conozco, jaja, es decir, que sean historias de gente cercana). No solo es ponerse unas zapatillas y correr, es toda la carga personal que lleva detrás, de dónde se viene y hacia dónde se quiere ir. Los esfuerzos, ilusiones, esas ganas de querer mejorar, de progresar, de luchar por las ilusiones que cada uno tiene.

    A ver si coincidimos en una carrera algún día 😉

    • Hombre, en navidades lo tienes fácil porque correré tres por Alicante. Mucha mucha suerte el domingo. Con el paso de los días me doy cuenta de que es una experiencia que nos cambia para siempre… algo que es difícil de explicar si no lo has experimentado.

  2. Eso lo he oído por ahí, lo que cruzar esa meta te produce un cambio, no sé si es total en la vida, si es en cuanto a percepción, blablabla, lo que sea, pero veo que algo pasa. Pues ya te contaré 😀

    ¡Recuérdame las carreras de Alacant!

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