Cuentas pendientes – Octubre de 2014

En apenas un mes he hecho casi 8.000 kilómetros al volante. Ha sido divertido, puesto que me encanta conducir. Puedo hacerlo durante largas horas sin mayor problema, al menos de momento.
Esta vez he hecho un recorrido visitando algunos de los lugares más emblemáticos de Centroeuropa. La primera parada fue en Colmar, una de mis asignaturas pendientes en Francia. Esta pequeña población está considera como una de las más bellas de la Alsacia. Aunque lo es, no pude evitar sentirme algo decepcionado. Esperaba un pueblo lleno de casitas de madera, pero eso sólo sucede en un par de calles. Habiendo visto ya tantas poblaciones en Europa, tiene que tratarse de algo extraordinario para que me llame realmente la atención.

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La idea era visitar también Berna, pero la falta de tiempo no lo permitió, por lo que nos dirigimos hacia Interlaken sin volver a parar. A la mañana siguiente subimos con el tren hasta la estación de Jungfraujoch. No recordaba que el trayecto fuera tan largo, ya que se necesitan cerca de 2 horas para llegar hasta arriba debido a las numerosas paradas en el trayecto. Aunque es carísimo, si te gusta la montaña, creo que es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida. Yo por suerte ya llevo dos. Eso sí, no se pueden comparar. En 2002 me gustaba la montaña, ahora la relación es, digamos, algo más intensa.
Esta vez volví a ascender desde Lauterbrunnen, ya que la subida me parece más bonita que desde Grindelwald. De camino a la estación final, situada a 3.471 metros, se hacen un par de paradas tras hacer el cambio de tren en Kleine Scheidegg: una en la pared del Eiger y otra en el Obers Ischmeer.
He de recalcar el fabuloso tiempo que nos ha acompañado durante todo el fin de semana. Todavía me cuesta creer la suerte que tuvimos. Supongo que esto compensa -con creces- el revoltoso tiempo que soporté en julio, durante mi primera visita del año a los Alpes.

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Al llegar arriba la vista es espectacular. Nos encontramos justo al comienzo del glaciar Aletsch, el más grande de los Alpes. A ambos lados de la estación se levantan el Mönch (4.107 m) y la Jungfrau (4.158 m). A la izquiera queda también el Aletschhorn (4.195 m), la cima más alta de la región. Una panorámica increíble.

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A la bajada paramos en Kleine Scheidegg. Las fotos que hice cuando subí en julio a esta estación salieron mejor, a causa de la luz. El gran atractivo aquí es la impresionante cara norte del Eiger, aunque el Mönch y la Jungfrau tampoco se quedan atrás en cuanto a belleza. Las tres juntas forman una de las postales más famosas de los Alpes.

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Esa noche dormimos en Randa, un pueblo situado a escasos kilómetros de Täsch, desde donde se coge el tren a Zermatt. Durante el viaje, lo primero que hacía nada más levantarme era conectar por internet con las livecams del destino. Ambas mañanas me lleve una más que agradable sorpresa: Una ausencia total de nubes.
Aunque únicamente habían pasado dos meses desde que corrí la media maratón de Zermatt, visitando “gratis” Gornergrat, mereció totalmente la pena pagar los 70 euros del tren, ya que el tiempo fue -como he comentado- inmejorable. No he echado la cuenta de las fotos que le hice al Matterhorn, pero digamos que me desquité de lo de julio.
Para los que conocemos y nos gusta la montaña se presentan ante nosotros los mejores 360º de los Alpes: Matterhorn, Monte Rosa, Weißhorn, Breithorn, Liskamm, Dent Blanche… así hasta alrededor de 30 cuatromiles. En un día despejado es totalmente insuperable.

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De camino a Bayern me quité la mayor espinita que se me quedó en julio. Volví a coger el telecabina hasta el Eggishorn, aunque esta vez sin la compañía de las nubes. Se trata de la otra gran panorámica del Aletsch. Aquí se pueden contemplar -en toda su extensión- los 23 kilómetros de longitud que tiene la lengua. En 2015 (si no consigo plaza para el Mont-Blanc Cross) o en 2016 espero correr la media maratón que recorre el borde del glaciar, la Aletsch Halbmarathon.

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La última parada del viaje fue el gran clásico cuando se recibe visita: Neuschwanstein. Es la cuarta vez que lo veo, pero la verdad es que tampoco es algo que me canse, ya que ahora me llena de orgullo y satisfacción ver la reacción que causa en la gente contemplarlo por primera vez.

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Este año he estado cuatro veces en los Alpes. Es una de las principales razones por las que me mudé de Berlín con destino a Frankfurt, y la verdad es que la decisión cada vez parece más acertada. El año que viene espero bajar, al menos, otras tres veces más: Dos carreras y una ascensión.
El último mes y medio ha sido increíble: ascensión al Zugspitze, Allgäu Halbmarathon, Islandia, Copenhagen Half Marathon, ascensión al Watzmann, Berchtesgaden National Park, Route du Vin Semi-Marathon, Colmar, Jungfraujoch, Gornergrat y Neuschwanstein. El ritmo ha sido algo peligroso para mi cartera, aunque la señorita ha aguantado más o menos bien. Pero bueno, también ha sido el mes de mis vacaciones. De todas formas se trata de mi primer año trabajando en el centro de Europa. Estaba muy claro que me iba a cortar bien poco.

MM de Berlín – Marzo de 2014

La misma semana que llegué a Berlín -justo hace un año- se disputaba la media maratón de la ciudad. Yo no pude inscribirme, ya que decidí irme a la capital alemana en febrero y las plazas se suelen agotar por diciembre. Fue bastante frustante ver a la gente con las zapatillas y la medalla en Alexanderplatz, mientras yo esperaba el tren para ir al Mauerpark. Un año más tarde me he quitado la espinita de no haber disputado la media más importante del país.
Hacía siete meses que no pisaba Berlín. Allí pasé cinco, una nimiedad de tiempo. Sin embargo, ha sido sin duda -hasta el momento- el periodo más intenso y especial de mi vida. Ahora soy feliz en Frankfurt, pero aquellos días son irrepetibles.
Este fin de semana he vuelto a salir por Warschauer Strasse, a visitar la cúpula del Reichstag y el Museo de Pérgamo, a subir a la Siegessäule o a cenar por cuatro duros en Kreuzberg.

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Mis últimas cuatro medias he corrido sin música. Me he dado cuenta de que se disfruta más del ambiente y de la carrera en sí. Ya hay tiempo de sobra en los entrenamientos para escuchar música.
A dos semanas de la maratón, la idea era llevar el ritmo que quiero mantener en la primera parte de la carrera. No ir al 100% ni excesivamente preocupado del crono te permite disfrutar de otras cosas. Al pasar por debajo de la puerta de Brandenburgo me fui hacia el arco situado más a la izquierda. Para ello hice unos cuantos metros más de distancia, que bien valieron la pena para pasar solo por el arco, algo complicado en una carrera de 30.000 personas.
Aunque terminar en el Olympiastadion no tiene comparación, el recorrido de la media es más bonito que el del BIG 25, ya que se recorre Unter den Linden entera, siendo tanto la salida como la llegada en Karl-Marx-Allee. Ambas carreras son espectaculares.
Hasta el kilómetro 18 mantuve el ritmo pensado inicialmente. Por mucho que te tomes una carrera como un entrenamiento, nunca lo acaba siendo del todo. Los últimos 3 kilómetros me dije: Vas para el 1:41:15, ¿a que no bajas del 1:40? La consecuencia fueron los kilómetros más rápidos que he hecho jamás en una media maratón y un 1:39:46 final. A dos semanas de Viena tal vez no fuera lo ideal, pero corro por placer, y esos kilómetros son de los que más he disfrutado en mi vida. Además, hoy las piernas tampoco se quejan demasiado, sólo fueron tres kilómetros al 100%.
De momento el año marcha sobre ruedas. Medias de Barcelona, Frankfurt y Berlín. En todas ellas disfrutando muchísimo y viéndome mucho más fuerte que hace 6 meses. Veremos si el 13 de abril se confirman las sensaciones.